El exceso es grave, todos lo sabemos y lo hemos escuchado innumerables veces cada vez que alguien se refiere a una copa de vino, mas hay que vivir con una pequeña dosis que nos haga seguir adelante. Cuando me pongo a pensar en ello, una de las más comunes relaciones que suelo hacer tienen que ver con la motivación, el éxito, y el fracaso.
La llegada a nuevos lugares nos puede abrir oportunidades que van apareciendo en el transcurso de adaptación que debemos realizar al encontrarnos con todo nuestro entorno modificado según como estaba hasta antes de la migración. Si lo veo de esta forma, me cae redondo el afirmar que el ingreso a la Universidad es sí o sí uno de los mejores cambios de vida en el que hay que encontrar estas oportunidades. Mi caso personal en la Universidad es el que me ha llevado a pincelar sobre esto, hubo un tiempo en el que solían llamarme “el mechón motivado“, ya que participaba activamente de dos actividades de gran nivel y daba sensación de que tenía una gran motivación.
¿Pero de qué motivación hablan si estoy dentro de los pocos que no tienen metas por las que esforzarse? El tiempo y las conversaciones me han enseñado a diferenciar las direcciones de la motivación, en qué contexto utilizar el término y su importancia en nuestro diario desarrollar. Entonces, ¿de qué sirve tener un impulso inicial para realizar actividades si una vez finalizadas no hay algo nuevo por lo que luchar?, ¿llamamos motivación a estar disponibles y eufóricos por la realización de nuevas actividades o a el concepto de meta que cada uno de nosotros tiene por vivir?
Me puedo remontar al segundo semestre de mi carrera, en el que profesores de un Plan de Fortalecimiento Académico criticaban enormemente mi participación en actividades extraprogramáticas debido a que la inversión de mi tiempo no era menor y descuidaba mis estudios, mal que mal, estaba en riesgo académico. No hice caso alguno y seguí adelante, también en contra de voluntad de mi familia que no estuvo nunca y ni está de acuerdo que haga otra cosa más que estudiar, ansioso por los días próximos. Me mantenía dentro del equipo organizador de la Competencia Latinoamericana de Robótica 2009, llevábamos alrededor de cuatro meses de organización, aún no dimensionaba la importancia y trascendencia de la actividad. Llegaron los días de, y quedé fascinado, la sensación de ver a los participantes extranjeros usar el escenario que tú ayudaste a construir, seguir las reglas que tú ayudaste a definir, utilizar debidamente los espacios que tú asignaste, usar las credenciales que tú ayudaste a diseñar (o por último a imprimir), no se puede comparar facilmente, al menos en mi universo, es algo maravilloso, una satisfacción enorme que genera esta euforia que mencioné en el párrafo anterior.
Motivación como adjetivo, motivación como sustantivo. ¿Se pueden relacionar?
- El ‘incentivo’ que nos impulsa en la realización de una tarea, eso por lo que luchamos, por lo que nos esforzamos, lo que queremos ser en un futuro, existe cuando podemos darnos cuenta de que ése nos pertenece, es decir, que estamos haciendo todo esto por nosotros mismos.
- El ‘ser motivable‘ y ‘saber motivar’, se relacionan con la facilidad de algunas personas en apoyar cada nueva idea que se le plantee.
Sí, de todas maneras se pueden relacionar.
Mi caso personal se puede presentar como uno en el que no hay claros incentivos, aunque sí hay motivación, pero como vivimos en un mundo real estoy consciente de que la actividad puede fracasar. ¡Ouch!, los resultados no serán buenos: No hay satisfacción ni metas, hay un “vacío existencial”. Entonces para evitarlo, me dedico en la realización de la actividad, ¿pero es esta mi verdadera prioridad?
Todo lo anterior me lleva a conclusiones un tanto negativas. No sirve mucho que tenga esta disposición por ayudar a realizar actividades si no estoy cuidando la raíz de lo que genera todas estas oportunidad, la Universidad. La responsabilidad debe ir a la par con las prioridades, hay un equilibrio que es necesario mantener, el que se aprender a realizar con caídas.
Personalmente, mi meta actual no es aprobar los ramos, sino comprender el porqué de querer hacerlo en este desafío llamado “carrera universitaria”. Finalmente, no tengo miedo a fracasar ahora, si me arriesgo es para no fallar después, cuando todo lo que haga tenga un peso mayor.




