— Pan de molde

No comprendo las ganas del ingenierio por levantar el pecho en frente de un técnico, como tampoco las del de oposición por hacerse el sordo a los contra-argumentos

No comprendo las ganas del periodista por burlarse de los Community Manager, como tampoco las ganas del homobóbico ensimismado por destruir nuestros deseos.

No comprendo las ganas de quién dice ser tu compañero por omitir las felicitaciones que te mereces, como tampoco los inútiles argumentos entregados que generan una discusión circular.

No comprendo la diferencia de costos en un contrato de ancho de banda internacional, como tampoco la palabra acompañante a matrimonio que hoy nos hace luchar.

No comprendo las ganas de la población por tomar características personales y hacerlas objetos de ridiculización, como tampoco las burlas de nuestros pares por ser lo que les avergüenza de nosotros.

Es momento de hacerlos parar. No sé si alguien más, pero yo me acabo de aburrir, ¿o alguien me lo explica?

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No recuerdo qué día fue, pero sí recuerdo como David me decía por mensajería instantánea: “¡Janito, recibimos un 1100% más de visitas con respecto al mes anterior!”, y la alegría nos invadía mientras ambos asumíamos que sólo una frase escuchada un par de semanas atrás de entonces había revivido un proyecto que estaba casi invisible.

El objetivo era claro y único. Con todo lo que el proyecto hacía por sí sólo, o sus resultados, se conseguía eliminar de toda la gente de alrededor el prejuicio de que el sansano no habla más que de cosas sansanas, y que toda esa parafernalia de sentimientos, problemas, y relatos bellos son inexistentes.

Pasa el tiempo, cada vez más rápido, y el proyecto comienza a tomar nuevos rumbos, siempre con la mira en “ayudar y difundir”; ahora nuestro nuevo enfoque son los mechones que ingresan. Entre idea y idea, se armó un brainstorm que trataba de tomar todo lo que podían ellos dudar, todo lo que fuese útil, las pistas, las rutas, los edificios, las salas de clases, los profesores, los calendarios, los portales web de la Universidad, en fin. De pronto, una nota en un nuevo párrafo llama mi atención.

Brainstorm sansanos

[...] de la nada, en sólo un rato, ya teníamos instalado lo que daría paso al comienzo de unas de nuestras mayores espectativas. No consideramos los intentos anteriores fallidos por otros equipos, la motivación de David (el jefe de proyecto), la de Alexander que ayudó desde este punto, y la mía juntas sabíamos que llegaría lejos.

Pasado una semana, algo nos sorprendió. Otro equipo de personas, con un nombre con varias ‘s’ *, sacaba al aire una plataforma similar, con información similar, con un objetivo similar.

Llegaba marzo, y por esas casualidades de la vida en una de nuestras reuniones rápidas el equipo creció. Luego de otras conversaciones ya éramos el doble de personas. Lo común que todos ellos tenían, y que deferían de mi posición, era que querían unirse a ellos, o al menos buscar una solución para este conflicto de duplicación; lo que a mí me parecía de lo más aburrido, yo quería demostrar que nuestro equipo podía conseguir mejores cosas que el otro con lo mismo, pues lo consideraba más humano y diverso que el otro.

Proyecto PadreMarca por Álvaro Cancino.

Lamentablemente no era yo quién tomaba las decisiones, y algo nuevo empezó a surgir. Dos grandes proyectos con nuevas ideas, dos enfoques diferentes, se notaba a kilómetros que podíamos complementarnos.

Las propuestas de fusión han sido cada vez mejores; las mías -apoyadas en la gráfica de Álvaro Cancino- sólo tratan de sacar la sobriedad que nos invade (aunque igual nos gusta), y luchan por utilizar la palabra sansano, que en esencia no significa otra cosa más que santos, lo que en su sentido medieval refleja perfección, y sanos, que se entiende como un complemento de mente, cuerpo abstracto y un campo energético llamado espíritu. Eso es lo que nos representa, considero, por lo que por muy manoseado que se encuentre el nombre, yo lucho por él.

Hoy es todo un gran proyecto, muchas buenas ideas en desarrollo, sabemos que una organización externa nos quiere apoyar, y todo eso nos hace felices.

Pero bah, todo esto me gusta, sería estúpido reclamar y enojarme por lo que me encanta realizar. Me gusta el trabajo en equipo, y más todavía cuando en el equipo se nota esa amabilidad que no encuentras en todos lados. Creo que de ahora en adelante, procuraré formar equipo con gente de regiones, ojalá del sur; ya que su espíritu, cuerpo y mente no tienen comparación, son todos ellos unos verdaderos sansanos, tal y como los jesuitas definieron a sus propios, e inigualables compañeros.

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No sé por qué, pero constantemente recuerdo la discusión que tuve hace el 21 de octubre a eso de las 5 de la tarde. Estaba tomando un descanso en un patio de mi Universidad cuando se me acercan 2 personas muy amables, sonriendo estaban, me preguntan que por qué tenía esa cara de cansado, y les conté algo de lo que estábamos haciendo como Centro de Robótica, luego de eso me entregan un papel con una imagen y la palabra Jesús en ella. No se las quise rechazar, así que la tomé y les pregunté que para qué yo la querría.

Se extrañaron, vaya que sí, me cuestionaron mi creencia hacia Dios y a todos esos tipos con poderes mágicos; el hecho es que les dije que cuando hay inundación de información, llega tanta pero tanta, que lo que creías hasta un momento se veía sobrepuesta por otra nueva información y al final no sabías en qué creer. Les dije, eso me hace sentir la religión, no sabría a quién creerle. Cuando dije eso, rápidamente ellos respondieron, nosotros no somos una religión, sino un grupo de estudiantes que lo único que queremos es que te acerques a Jesús.

— ¿Para querría yo acercarme a Jesús? – les pregunté. Luego de una conversación un tanto simpática, les pregunté, ¿seguro que no son un tipo de religión?, me afirmaron, ¿leen la biblia?, volvieron a afirmar, ¿le dan una interpretación a lo que leen distinta a las religiones?, afirman nuevamente, entonces, ¿qué me asegura que no van por el mismo lado que las religiones? Después de un gran rato de conversación fluida, les dije (de pura maldad) respóndanme algo:

— Hoy en día es estúpido ignorar lo que parte de la sociedad pide, a y por ello ¿qué opinan del matrimonio homosexual?

— Está mal, la naturaleza hizo al hombre y mujer para complementarse.

— Compadre, dígame algo que tú creas, no me repitas esa frase que ha estado tan maltratada y malusada por tanto tiempo que ya da lata escucharla nuevamente.

— Es que el amor homosexual es un pecado, no es normal que ames a una persona del mismo sexo.

— Soy pecador y anormal, entonces.

— Sí, pero todos somos pecadores.

— Pero me dices que soy pecador por ser homosexual, además de anormal, y todo en la misma oración, ¿no crees que es un ataque? Si yo tuviese un poco menos de uso de razón te diría que sí, y me las arreglaría para no aparentarlo, pero vaya qué estúpido sería, ¿no?.

En ese momento aparece de la nada (en serio que no lo vi llegar), un niño muy lindo; lindo hasta que abrió la boca y me preguntó: ¿Tú no te sientes solo? Un poco, respondí. Él continuaba, ¿tienes problemas?, Claro que sí, volvía yo a responderle. En este momento me dice algo así súper raro, refiriéndose a que Jesús me ayudaría a resolverlos y no mis amigos. Me cagó, claro, si yo creyera en su mago de los cielos claro que me cagó; le pregunté, — ¿qué son las muros? — Son paredes, me respondió — No, responde de nuevo. (En esto llega una cuarta, la polola del cabro-rubio-rico-hasta-que-abrió-la-boca) — Pucha, una estructura que delimita lugares, volvió a responder. Estaba acertado él y le dije (a lo hétero), Compadre, los muros están por algo, los lugares que delimita son tu vida real de lo que quieres conseguir; tu Jesús, tu Dios, no me van a ayudar a saltar ese muro para poder conseguir lo que quiero en la vida. Mírame, estoy acá en la Universidad, no me va tan bien, pero lo estoy haciendo porque me gusta y puedo y no tiene nada que ver con lo imposibilitado que estoy por ser homosexual, es lo mismo que tú puedes ser y conseguir, pero lo soy y hago por mis medios, no por un tercero.

El diálogo continuaba por ya más de una hora, les pregunté si no llegaría un quinto a contraargumentarme, porque de verdad como que se les estaba yendo de las manos nuestra conversación. Me sentía igual influyente, conseguía algo que no sabía.

Les dije a los cuatro: No vamos a terminar nunca, sólo quería saber qué era lo que pensaban como persona, no como lo que la religión ha hecho de ustedes, ustedes cuatro por su lado más todo su grupo, yo por mi lado y todo el movimiento a favor de los derechos de homosexuales tendremos esta eterna discusión por el resto de los días, dudo mucho que algún día vayamos a concretar algo; un acuerdo por lo menos, pero quiero que sepan que por sus actitudes, por sus ataques morales, por tratarnos como lo hacen se suicidan niños todos los días, y sí que da pena, hermosas criaturas que las ves con los ojos cerrados y una soga al cuello, ¿no crees que da pena?, ¿y se dan cuenta ustedes que son porción los culpables?.

Les seguía hablando, ahora con algo de pucheros y lágrimas cayendo por mi cara, ¿Saben lo que fue el Spirit Day?, como todos negaron, les dije: es un día de actitud moral donde te vistes de un solo color para que los demás noten que estás a favor, sólo eso nada más, y fue recién, fue ayer, ¿siquiera lo notaron?. Es lo poco que podemos hacer por un apoyo; grandes empresas hacen millonarias donaciones a movimientos que cuidan nuestros derechos, ¿y no se sienten parte de ellos ustedes? No sé si se dieron cuenta, pero yo podría haberles dicho que sí hace mucho rato, que iría a la reunión a la que me invitan, darme media vuelta, dejar este papel es un basurero, seguir con mi vida, sacarles la cara si los veo en un patio, y hacer como que nada ha pasado pero no es la idea, les digo como persona, paren de etiquetarnos como anormales, yo soy anormal dentro de su normalidad, pero eso nadie lo va a definir.

Terminaba, con lo anterior, nuestra conversación.

Luego de eso, volví a la Competencia Robótica que estábamos efectuando y les dije a varios que era homosexual, casi explotando de rabia por el odio que ese grupo de personas potencialmente me tienen ahora.

La vida continúa, y creo que podemos seguir normalmente, es tema de “vivir y dejar vivir“; todo funciona mejor si no juntamos religión y humanidad, quizás así pueda yo entender lo que a la fecha aún no puedo, quizás así las relaciones mejorarían y habrían menos problemas por conseguir una igualdad y mi tan anhelada completa aceptación.

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Hay momentos en los que mi cabeza se llena de ideas y por falta de un equipo o de los medios éstas van desapareciendo para quizás nunca más volver a mi memoria. Normalmente tengo ganas de querer hacer algo nuevo, son buenas ideas, pero no tienen un buen final.

Lo que me sucede es que no me gusta tener que hacer las cosas porque una Carta Gantt lo dice, o porque acordamos tenerlo listo para tal fecha; al contrario, me gusta hacerlo por iniciativa propia, ver los frutos sin que todo se convierta en una obligación; mi idea es no perder el interés ni la motivación, como tampoco hacerlo por una remuneración. Es como si me gustara empezar algo, dejar mi semilla, y luego retirarme para empezar otra de mis ideas.

AyudaTengo un ejemplo muy potente que tiene que ver con las ganas de ayudar multifacéticamente a un equipo, y que me ha tenido varias veces a punto de ponerme a gritar como loco y tiene que ver con mi nuevo trabajo y el protocolo que existe dentro de una cadena de supermercados bajo una gran empresa. ¿Nunca has sentido ganas de querer ayudar a alguien y ésta no entiende que tu tengas esas ganas? Me pasa, y a menudo. Algo similar es lo que sucede cada día al final de mi jornada, en el tramo que voy a marcar mi salida de turno y termino de rendir las cuentas de caja, mi supervisora está ahí, totalmente concentrada, con a penas un segundo libre para despedirse, y siento nuevamente esas ganas de decirle ¿le ayudo en algo?, pero ya me lo respondió una vez diciéndome claramente que no podía estar ahí, estaba fuera de turno y no es legal (supongo que alguna parte del código de ética del trabajo así lo dice) que yo siguiera trabajando.

¿Pero es que no entienden que me gusta ayudar? Me encanta, en serio, hacer este tipo de actividades a las que no todos tienen el valor para ofrecerse. Podría explicar las motivaciones que me llevaron a participar en la página que teníamos para nuestra generación cuando ingresamos a la Universidad, o cómo ingresé a la organización del III Encuentro ITS, o cómo me desenvolví dentro de todo lo que fue el Apadrinamiento ELO-TEL 2010 UTFSM, y las de muchas otras actividades; me gusta hacer las cosas por como suenan al principio, y depende mi continuación de cuán tedioso se vaya poniendo a lo largo del tiempo.

Quizás es porque aún no sé trabajar en equipo, quién sabe.

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Es normal, casi todas las semanas pruebo productos web nuevos en los que tengo que tengo que registrar mi correo electrónico para que ellos me puedan enviar su publicidad o código de verificación. A la fecha, aún no me doy la molestia de definirme un alias de correo para todos aquellos registros e irlos filtrando, por lo que ya tengo la costumbre de que 10 segundos después de apretar tal botón Sign Up, la pestaña de Google Mail brille por ese místico y fugaz correo electrónico.

Hoy he dejado por escrito mi dirección con las respectivas disculpas a mi casilla de correo para probar WebEx, un producto de Cisco; olvidé que podría llegar ese correo y el planeta siguió rotando. No quise registrarme para probar el producto en sí, sé perfectamente que no podría pagar lo que vale la licencia y que más de algún producto parecido gratuito existirá en algún lugar del mundo.

Luego de 20 minutos mi celular me notificaba de que un nuevo mensaje había recibido, hacía un refresco en mi casilla para verificar que habría sido un correo electrónico y no un SMS, para ver finalmente el correo relativo a aquél producto que ya ni me interesaba.

El correo estaba tan bien diseñado que me dieron ganas de abrir nuevamente su página web y darle la oportunidad.

En realidad no imagino cuánto más llamaría mi atención un marca si jugase con mi memora.

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