1011 • Un chico homosexual.
Si hay algo por lo que me gusta escribir, es porque siempre hay alguien que lee con atención y se identifica con el relato como si fuese de él; a otros les puede servir como distracción y otros pueden tomar mis argumentos para compararlos con los suyos; sea como sea, siempre hay un feedback que es grato recibir. Si han leído el footer de este blog o la entrada de WordPress para Android, habrán notado que escribo además en un wordpress.com parte de lo que me ha tocado vivir como homosexual. En aquél blog no admito comentarios, ya que preveo qué clase de ellos recibiré y prefiero no ocupar mi tiempo debatiendo con usuarios anónimos; sin embargo, hay algunos que han sabido hacerme llegar sus comentarios constructivos y agradecimientos de tal forma que son ellos ahora mi motivación para seguir escribiendo.
El día de ayer estuve un buen momento hablando con uno de ellos, su historia es muy interesante y adictiva a tal punto que cuando me cuenta qué y cómo es lo que vive me hace recordar lo que viví el año pasado. Él aún no le dice a sus padres que es homosexual, pero ya falta poco y el cómo hacerlo es sin duda lo más difícil de decidir. En su colegio hay una revista semestral en la cual publican artículos de estudiantes; él ha escrito uno con respecto a su orientación y lo comparto con ustedes.
Él lo titula, De la obscuridad a la luz.
Escribir sobre la verdad -sí, esa verdad, la que a veces más nos duele- es difícil. En especial si conoces las consecuencias de que esa verdad sea conocida por un amplio grupo de personas, y ya no seas visto de la misma forma de siempre. Eso, en mi peculiar, por no decir otra cosa, forma de ver la realidad, es bastante divertido, ya que tú no has cambiado en nada, sino que sencillamente ha cambiado la forma en que los otros te ven a ti…
En fin, puede que esta historia no tenga relación con el Bicentenario de nuestro país, ni con los desastres dejados por el terremoto, ni con la injusticia social, ni con lo que me gustan las empanadas, ni con lo irrelevante que es para mí el famoso Mundial de Fútbol; su única relación con Chile es que la cuenta un chileno, además Ignaciano, quien lamentablemente no se atrevió a decir su nombre. Es una historia anónima, como tantas que conviven dentro del colegio ubicado entre Pocuro, Hernando de Aguirre, Bilbao y Jorge Matte. Su único objeto es demostrar que mi condición es una realidad oculta que pocos se atreven a contar en el ambiente escolar. Menos si el colegio resulta ser exclusivamente para hombres. Sí, ya pueden ir adivinando mi secreto. Lo sé, es shockeante para algunos, natural para otros, pero para mí es la realidad; la vida misma.
No ha sido agradable ocultar por tanto tiempo mi verdad, y ésta me incomodó profundamente durante un largo tiempo. He tenido que aprender a vivir con ella y aceptarla. Ese paso ya está completo. Créanme que intenté absolutamente de todo para ser una persona “normal”. Es algo inevitable. En mi historia encarno que se nace así, y no hay absolutamente nada que puedas hacer al respecto, salvo mentirte a ti mismo y hacer como que nada pasa: llevar una vida en la que te casas, tienes hijos, y vives con el permanente miedo de que todo se venga abajo. Yo no quiero eso. Voy a ser fiel con lo que soy -a pesar de que cada vez que veo un papá jugar con sus hijos en un parque no puedo sino sentirme profundamente triste-.
Los homofóbicos pueden leer hasta aquí si no quieren vomitar. Al resto le informo que no es tan terrible lo que voy a contar: sólo es que llevo años enamorado de mi mejor amigo. Cada vez que repaso mentalmente todas las formas en que le mostré fugazmente cuanto lo quería me río internamente: cuando le conté la verdad unos días atrás el tipo me dijo que jamás había notado nada extraño en mi, nunca. Lamentablemente para mi me dejó bien claro que a él no le interesaba nada conmigo más allá de nuestra amistad, y que ésta no cambiaría en nada. Es duro aceptar una sentencia tan cortante como esa, pero debo respetarla en honor a él. Por lo menos tengo alguien con quien conversar.
Como esta es una historia en desarrollo, ahora se viene la parte más complicada de todas: contarle a mis papás. El amigo del que les contaba se ofreció a acompañarme para cuando lo hiciese, pero le respondí que prefería que no; quizás que podrían pensar. Es algo que debo hacer sólo, y, de hecho, escribí esto para facilitar el asunto. En mi cabeza me imagino la situación: Llego a mi casa con la edición de la revista VOZ en la mochila, la saco, abro la página que contenga el título “De la obscuridad a la luz”, subo la escalera a la pieza de mis papás… ¡Hola! ¿Cómo te fue? ¿Qué tal el día? Bien, bien, estuvo genial. ¿Cachan que en la revista VOZ, esa que editan en el colegio, salió un artículo súper extraño? ¿En serio? ¿De que trata? (…) Mejor léanlo ustedes mismos. Le paso la revista a mi mamá mientras mi papá sigue con la mirada en su notebook. ¿Quién escribió esto? (…) Yo, mamá. Hasta ahí puedo elucubrar. Luego viene una nebulosa. Hay demasiadas posibilidades. ¿Me echarán de la casa? ¿Me aceptarán? ¿Me volverán a hablar? ¿Me internarán? Uf, al final eso es lo que más me da lata: la desinformación del común de las personas. Los homosexuales no somos unos depravados, ni pederastas, ni enfermos -la Organización Mundial de la Salud la quitó de su listado de enfermedades el 17 de mayo de 1990-, ni nos gusta que cada día alguien salga con un chiste de los que todos se ríen (aunque para pasar piola debo hacer eso mismo) pero que sea como un balde de agua fría en la cabeza. Si hasta mi propio papá se mandó uno ayer al cual respondí con un “Je, je jemmh”, mientras el resto de mi familia reía a carcajadas.Mi pasado ya está construido. Ya es imposible cambiarlo. No estoy enojado, no guardo rencor a nadie, sólo pido respeto… bueno, OK, también les pido que, a futuro, los jóvenes ignacianos que se den cuenta de su orientación diferente puedan vivirla con menos miedo. Eso sólo lo podemos construir poniendo cada uno de su parte.
Y si tu, estimado lector, sientes esta historia como propia, hazla tuya. Cuéntales a tus papás que la escribiste tú, y si ellos te dicen ¡Pero si esto no calza con tu vida, por tales y tales razones! Le respondes Ahh… es que es para que el artículo tenga una orientación más literaria, y ¡chas! Eso sí, que quede claro que en mi caso no cabe duda que soy yo.
Estamos entre ustedes. Como uno más… tratando de resolver el puzzle de la vida.
Agradecido estoy porque me haya enviado el artículo para dar mi opinión :-) Espero su colegio lo apruebe y sea éste un nuevo paso para derrotar el miedo que genera aquél acto de liberación.

















