1110 • El poder de un abrazo
Hace unos meses, un amigo escribió en su blog acerca de la importancia de un abrazo, hoy – después de lo vivido ayer – quiero compartir más que su importancia, la experiencia de regalar abrazos.
Ayer, como todos los sábados, los chicos de Santiago Abraza se ubicaron en Ahumada con Huérfanos para regalar abrazos, siendo ayer el Día Internacional del Abrazo, me quise sumar a ellos y partí a Santiago para sentir eso de lo que tanto leía en los comentarios de actividades pasadas.
Era casi medio día y con Marcos llegábamos a dicha intersección, habían sólo como diez personas, nos recibieron con un gran abrazo mientras nos apoderábamos de unos carteles para dar comienzo a lo que se prolongaría por tres horas.
Fue muy extraño sentir el rechazo que los transeúntes me mostraban al comienzo, algunos no se molestaban en leer lo que el cartel decía ni escucharme, sólo respondían con un “No, gracias“. Hubo de todos comentarios, las damas con unos muy repetidos “tengo quien me abrace“, algunos hombres solían decir “pobre, no tienes quien te de un abrazo“, una pareja de ancianos me dijo directamente “no, porque nos abren las carteras“, y los infaltables flaites decir “abrazar es de maricones“.
Pasó alrededor de una hora y sólo había dado como cinco abrazos, me sentía demasiado mal. De a poco fueron llegando a la esquina jóvenes y más jóvenes, eramos ya como 30; así como nosotros eramos más, la cantidad de personas en el paseo iba en aumento también, por lo que se hacía más probable que alguien aceptara recibir un abrazo. Todo se fue dando de manera gradual, en cuestión de minutos era imposible dejar de sonreír entre un y otro abrazo, mucha gente quería ser abrazada, se notaba, niños que no tenían idea de cuál era el motivo se acercaban corriendo y de un salto ya estábamos girando en brazos, extranjeros emocionados, damas a las que les interesaba saber por qué lo hacíamos para luego abrazarnos nuevamente dándonos las gracias y apoyando la iniciativa, y si fuera por detallar un señor que me dejó sin aire (vaya que abrazaba fuerte, ¿eh?), y el mendigo que no pudo entender que no le estaba ofreciendo dinero, sino un abrazo.
Fue genial, sin duda lo haría de nuevo, la fuerza que se transmite en esos cinco segundos, ¡tan solo cinco segundos!, es incomparable, nos hace sonreír, nos hace reflexionar, nos hace sentir algo más que no teníamos antes, nos hace caminar mirando hacia el horizonte, nos hace ser nosotros.
Un abrazo, hace personas.

